Frankie Hinds es el principal mecánico de bicicletas de la organización no lucrativa Pinelands Creative Workshop en una zona de escasos recursos en Barbados. La organización utiliza las bicicletas para administrar préstamos de microcrédito, realizar entregas de comidas gratuitas y ofrecer programas de desarrollo juvenil. Mecánico de bicicletas desde la edad de 11 años, Hinds está a cargo de las necesidades de ensamblaje y reacondicionamiento de más de 1.700 bicicletas que se envían cada año a Barbados por la organización Bicicletas para el mundo. El salario es modesto, pero le ha permitido ganarse la vida, construir una casa y hacerse de un futuro.

Afriyie Ekua es una enfermera comunitaria en la Clínica Buamadumasi en Ghana, donde proporciona servicios de salud a 10 aldeas remotas a las que no se tiene acceso por medio de vehículos motorizados. Ekua solía caminar a estas aldeas para entregar suministros médicos y realizar consultas en casas, pero sólo podía visitar unas cuantas casas cada semana. Entonces se compró una bicicleta de bajo costo por medio del proyecto Village Bicycle Project y asistió a clases de mantenimiento para aprender a mantener la bicicleta en buena condición. Hoy en día, visita cada una de las 10 aldeas semanalmente y dispone de tiempo para realizar consultas adicionales en casas.
En 2005, Honduras recibió el primer cargamento de bicicletas donadas enviado por Bicicletas para el mundo. Con su bicicleta, un niño de 13 de años de edad de Porto Río, Honduras, puede ayudar a su familia. Rutinariamente corta hierba alta de la orilla de una carretera y la lleva a su hogar para alimentar a los cerdos propiedad de su familia. El recortar la hierba libera el borde de la carretera de maleza que pudiera ser peligrosa para los conductores y al mismo tiempo elimina un riesgo de incendio en un país propenso a incendios forestales.
Bicicletas para el mundo envía bicicletas a Uganda en apoyo de la organización Apoyo a prisioneros, que ayuda a ex prisioneros y sus familias. Después de salir de prisión, Marcellina Nakasobya (o “Mamá Alex”) empezó a trabajar entregando cajas de agua mineral embotellada a restaurantes y hoteles. Ganaba dos dólares por caja, pero la mitad de esa cantidad la entregaba a los choferes por transportarla a ella y a sus productos. Desesperada por ganar más para mantener a sus cuatro hijos, Mamá Alex buscó la ayuda de la organización. Logró obtener un préstamo moderado (el cual ya terminó de pagar) para comprar una bicicleta. Ahora, Mamá Alex reparte 11 cajas al día y se queda con todas sus ganancias.
Elisondro Tuñón solía caminar dos horas todos los días desde su hogar en la provincia de Coclé en Panamá hasta su trabajo en construcción. Entonces se compró una bicicleta de bajo costo de la Asociación Panameña de Industrias de Buena Voluntad, una organización socia de Bicicletas para el mundo. Tuñón, de 44 años de edad, ahora llega a su trabajo sintiéndose fresco en vez de exhausto. “Llego a tiempo al trabajo”, expresó, “y regreso a casa más temprano de que solía, lo que me permite pasar más tiempo con mi familia”.
Cuando el tsunami del 2004 en el Océano Índico azotó la nación de Sri Lanka, en el que 35.000 personas perdieron la vida y desplazó a más de medio millón de personas más, destruyó los hogares y medios de sustento y redujo los servicios sociales a millones. Tan sólo meses después del tsunami, Bicicletas para el mundo envió más de 1.300 bicicletas a familias en Sri Lanka que tenían la necesidad de contar con un transporte práctico. Una vez que los cargamentos llegaron, organizaciones socias, tal como el Foro de Investigación y Acción de Mujeres Musulmanas y los Amigos para el Alivio del Tsunami de Lanka, coordinaron la distribución. Desde entonces, los esrilanqueses han utilizado las bicicletas como herramientas para reconstruir sus vidas.